En el Escalón

Cuando tenia doce años me sentaba en el escalón de la puerta de mi casa de calle Santa Lucía. Me sentaba ahí esperando que mi hermano Carlos llegara del colegio, pues lo solía acompañar un compañero de clase que vivía muy cerca de nosotros. A mí me gustaba ese niño y esperaba pacientemente para verlo. Me imagino que yo también le hacía "tilín" a él y que ese era el motivo de que acompañara a mi hermano. Al menos así me gusta recordarlo a mí.

Esta mañana -más de cuarenta años después- me he sentado en ese mismo escalón y he apoyado mi espalda sobre la lujosa puerta de madera.

Estaba haciendo cola para entrar en la oficina de Correos para enviar un paquete. Tenía por delante a unas ocho personas. Todos esperábamos en la calle, separados a una distancia razonable, resignados, mirando nuestros móviles, pensando en nuestras cosas. Cuando una persona salía de la oficina otra entraba. La calle emanaba melancolía, incertidumbre, había tristeza en las caras, silencio. Mucho silencio. Si hace dos meses nos hubieran dicho que no íbamos a poder estar cerca unas personas de otras no lo hubiéramos creído.

Mientras estaba sentada he notado el frío del mármol del escalón, que de niña no apreciaba. He deslizado mi cuerpo para sentarme exactamente en el sitio en que solía hacerlo para sentir algo parecido a lo que sentía entonces, alegría y expectación.

En mi mente he visto un niño de pelo rubio y lacio que me hace ponerme nerviosa, creo que me sonrojo y mi corazón late más rápido que de costumbre. Pasan unos minutos durante los que hablamos cosas sin importancia y nos reímos. Nos despedimos.

Se acaba la magia del instante.

Me toca el turno.

April 18, 2020

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